Patología Estructural en la Roma y Condesa
Los factores de riesgo invisibles
Fernando Flores
7/13/2026


Las colonias de la Alcaldía Cuauhtémoc, en especial, Roma, Condesa e Hipódromo se asientan sobre una de las zonas geotécnicas más complejas de la Ciudad de México: la zona de transición y la zona de lago.
Este suelo, compuesto por arcillas altamente compresibles, amplifica el periodo de las ondas sísmicas, induciendo fenómenos de resonancia en edificaciones de mediana altura. Sin embargo, la vulnerabilidad actual de muchos inmuebles no responde únicamente a la geotecnia, sino a patologías estructurales derivadas de la intervención humana y el abandono técnico.
A continuación, analizamos los cuatro factores críticos que comprometen la estabilidad y la respuesta dinámica de estas edificaciones:
1. Degradación de rigidez y resistencia por fatiga cíclica (Secuelas de 1985 y 2017)
Muchos inmuebles de la zona han soportado las aceleraciones de los grandes sismos de 1985 y 2017, además de la reciente actividad de microsismos. No obstante, las estructuras poseen memoria mecánica. Al someterse a inversiones de carga repetidas, los materiales sufren fatiga por bajo número de ciclos (low-cycle fatigue).
Este fenómeno causa una degradación progresiva de la rigidez lateral y la resistencia de los elementos. El concreto experimenta microagrietamiento interno en su matriz y pérdida de adherencia con el acero, mientras que las varillas de refuerzo acumulan deformaciones plásticas remanentes por comportamiento histerético (El ciclo de deformación de ida y vuelta de una edificación ante la acción dinámica de un sismo [carga y descarga] es lo que llamamos comportamiento histerético).
Muchas intervenciones post-sismo en la zona fueron meramente cosméticas y no de reestructuración profunda (como encamisados de encoframiento o adición de contravientos), por lo que hoy los edificios operan con una capacidad de ductilidad drásticamente disminuida.
2. Alteración del comportamiento dinámico por remoción de elementos de mampostería
Un error común en las remodelaciones de departamentos es la demolición de muros divisorios para liberar espacios. Arquitectónicamente se busca la planta libre, pero estructuralmente se elimina rigidez. En edificaciones antiguas, los muros de mampostería —incluso los que no se diseñaron originalmente como muros de carga— terminan absorbiendo esfuerzos por el asentamiento diferencial histórico del edificio, actuando como muros de rigidez y cortante.
Al removerlos de forma asimétrica, se altera el centro de rigidez de la planta sin modificar el centro de masa. Esto genera un brazo de palanca que induce esfuerzos de torsión en el edificio durante un sismo. La estructura, que no fue calculada para torcerse sino para desplazarse linealmente, concentra esfuerzos cortantes excesivos en las columnas perimetrales, propiciando fallas frágiles.


3. Modificación de cargas vivas y el fenómeno de "Planta Baja Débil"
La reconversión de inmuebles residenciales en espacios comerciales (restaurantes, oficinas o áreas de almacenamiento) altera severamente las hipótesis del cálculo estructural original. El cambio de uso de suelo incrementa la carga viva estática y dinámica más allá de los límites permisibles de diseño para las losas y trabes existentes.
Peor aún, para abrir escaparates o estacionamientos en las plantas bajas, frecuentemente se eliminan muros texturizados o de colindancia. Esto crea una discontinuidad de rigidez vertical conocida técnicamente como Planta Baja Débil (soft story). Durante un evento sísmico, los pisos superiores se comportan como un bloque rígido, concentrando toda la demanda de deformación y el cortante basal en las columnas del primer nivel, las cuales pueden sufrir un colapso por flexocompresión.


4. Carbonatación del concreto y pérdida de sección efectiva del acero de refuerzo
La ausencia de mantenimiento preventivo y correctivo detona una de las patologías químicas más severas: la carbonatación del concreto. El dióxido de carbono de la atmósfera penetra en los poros del concreto, reduciendo su pH alcalino (de 12 a menos de 9). Al perder esta alcalinidad, el acero de refuerzo pierde su capa de pasivación natural y comienza a corroerse ante la presencia de humedad por filtraciones no atendidas.
La corrosión genera óxido férrico, el cual se expande hasta un 600% en volumen, provocando esfuerzos de tensión internos que agrietan y desprenden el concreto de recubrimiento. Técnicamente, esto reduce la sección transversal efectiva de la varilla y rompe el mecanismo de adherencia por flexión entre el acero y el concreto, anulando la capacidad del elemento para resistir momentos flexionantes


